domingo, 9 de agosto de 2009

El estado anímico de Alejandro era tenso, por ver a su futura mujer, pero al mismo tiempo cabizbajo porque estaba a punto de perder para siempre la posibilidad de poder estar con la chica del manantial…; entretanto Isa, bien agarrada del bracillo de su padre, se adentraba a la iglesia mientras saludaba a los invitados y les daba las gracias por asistir…, cuando dejó de saludar, miró al frente y un escalofrío recorrió su cuerpo…, también una especie de temblor se apoderó de ella…, dicho temblor era más que nada por el acto que estaba a punto de darse: contraer matrimonio en contra de su voluntad…

Su padre notó el nerviosismo de su hija…, se aproximó a su oído y le susurró…

Domingo: ¿estás bien, tesoro?
Isa: sí, papá… (intentó disimular)
Domingo: todo va a ir bien y vas a ser muy feliz junto a Alejandro, ya lo verás…
Isa: (no respondió…, se limitó a mostrar una sonrisa para que su progenitor no sospechara nada)

Fue en ese momento cuando vio de espaldas a su futuro marido…, su corazón empezó a golpear con más fuerza inexplicablemente. La música de ceremonia empezó a sonar con la entrada de la novia…, Sofía, la madre de Alejandro, que observaba cómo su futura nueva se acercaba, le hizo una señal a su hijo, porque estaba un poco ido…, Alejandro se volteó para ver cómo se aproximaba su futura esposa y sus miradas se encontraron…, entonces el gesto de Alejandro cambió en ese instante…, se puso muy alterado…, su madre lo percibió y sonrió porque pensaba que era por la emoción del momento…, ignorante de la realidad…, por su parte, Isa se detuvo un poco por la conmoción que le causó encontrar al muchacho que conoció en el manantial la noche anterior, esperándola en el altar…, hasta llegó a pensar que era una visión…, que no era real…

Domingo e Isa llegaron a la altura del altar, donde se ubicaron Sofía y Alejandro…, el progenitor de la protagonista, tomó una de sus manos y dándosela a Alejandro, anunció…

Domingo: Alejandro…, aquí te entrego a mi hija Isabel…, espero que cuides de ella y la hagas muy feliz… (puso la mano de la muchacha sobre la del joven)

Alejandro: te prometo que la haré muy feliz… (sonrió enamorado)
Domingo: (sonriendo): ¡estoy convencido de ello!

El Duque de Sevilla se retiró a un lado…, todos los invitados se pusieron de pie y, de ese modo, dio comienzo la ceremonia…

Cura: Queridos hermanos, estamos hoy aquí reunidos para unir en matrimonio a estas dos personas, Isabel y Alejandro, siendo sus padres los que han decidido unirlos, a quienes les deseamos una vida en común llena de felicidad, amor y con hijos…

El punto culminante de la ceremonia llegó…, dos niñas, sobrinas de las dos familias, acercaron a Isa y Alejandro una bandeja plateada…, en ésta había dos alianzas que representaban la unión de los dos jóvenes ante los ojos de Dios…, cada una de ellas tenía grabada en su interior la fecha del enlace y un escrito…, en la de él ponía “Isabel” y en la de ella “Alejandro”… El sacerdote bendijo los anillos y se los entregó…

Alejandro: Isabel, te entrego este anillo, como símbolo de amor y fidelidad a ti… (introduciéndolo en el dedo anular de la mano derecha de ella)
Isa: Alejandro, te entrego este anillo, como símbolo de amor y fidelidad a ti… (poniéndolo de la misma forma que hizo él)

Los dos se ponen frente a frente y entrelazan sus manos, a la vez que el sacerdote pronuncia las deseadas palabras…

Cura: Alejandro, ¿aceptas a Isabel de Sevilla como legítima esposa en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la prosperidad y en la adversidad, hasta que la muerte os separe?
Alejandro: (con decisión): sí padre, acepto…
Cura: Isabel, ¿aceptas a Alejandro de Villafranqueza como legítimo esposo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la prosperidad y en la adversidad, hasta que la muerte os separe?

Isa, comenzó a temblar ante la pregunta del sacerdote…, había llegado el momento…, momento en el que debía dar su respuesta…, pero antes de ello, echó su vista atrás y contempló a todos los invitados..., empezó por sus suegros…, después sus progenitores…, sus hermanas mayores y los maridos de éstas…, a Emmanuel…, y finalmente a su gemela, Anabel, quien asintió con la cabeza con un gesto de confianza…; la joven estaba tan abstraída de todo, que no pudo percibir el gesto de preocupación de sus padres, suegros, hermanas mayores, pero sobre todo el de Alejandro, quien se preguntaba qué rondaba por su cabeza para que no hubiese contestado ya… El párroco la hizo volver a la realidad…

Cura: Isabel…, ¿se encuentra bien?
Isa: sí…, perfectamente…, ¿por qué?
Cura: porque no ha contestado…
Isa: ahhh, lo siento… (se disculpó)
Cura: no se preocupe…, le haré otra vez la pregunta…, Isabel, ¿aceptas a Alejandro de Villafranqueza como legítimo esposo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la prosperidad y en la adversidad, hasta que la muerte os separe?

CONTINUARÁ…

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