En la casa de los Duques de Sevilla…
Anabel: Isa…, soy Anabel…, ¿puedo pasar?
Isa: sí…, adelante…
La primera abrió y descubrió a su hermana mirando por la ventana…
Anabel: (preocupada): ¿todo bien, Isa?
Isa: más o menos…
Anabel: ¿qué te sucede? (preguntó preocupada mientras cerraba la puerta)
Isa: anoche… anoche conocí a alguien…
Anabel: (frunció el ceño): ¿a un chico?
Isa: (volteándose hacia su hermana): sí…, además…… (se detuvo)
Anabel: ¿además…? (formuló, con la intención de que ésta prosiguiera)
Isa: ¡nos besamos!
Anabel: ¿quéééééé?..., pero… ¿tú estás loca? (dijo alterada)
Isa: no lo planeamos…, surgió…, y me gustó…, mucho…
Anabel: Isa, tienes que olvidarte de él, ya no lo vas a ver más…, y te casas en menos de media hora…
Isa: y… ¿por qué no puedo renunciar a este matrimonio e intentar conocer más a ese chico?..., ¿por qué? (dijo con resignación)
Anabel: hermana, tu destino está forjado…, sé que es nuestro padre quien se ha encargado de elegir con quien vas a compartir tu vida, pero te aseguro que puedes enamorarte de la persona que hoy te estará esperando en el altar…, yo le conozco y es un hombre perfecto para ti…, como Emmanuel para mí…
Isa: pero es que me da miedo casarme…
Anabel: (arrugó el ceño): ¿por qué?
Isa: porque si me caso, ocurrirán dos cosas…
Anabel: explícate… (pidió)
Isa: la primera que no podré cumplir mi sueño, ser escritora…, y la segunda es que ya no nos veremos nosotras…
Anabel: no creo que eso pase…
Isa: ¿no? (respondió triste) cada una tendremos que asistir a todos los actos a los que deban hacer presencia nuestros maridos…, no podemos dejarles solos…
Anabel: es lo que tiene el casarse con un marqués… (intentó restar importancia)
Isa: pero… ¿y qué hay de lo que acordamos nosotras cuando éramos más pequeñas?..., ¿es que ya no lo recuerdas?..., ¿es que ya no me quieres? (preguntó con lágrimas en los ojos)
Anabel: (cogió el rostro de su hermana con sus dos manos): Isa…, claro que recuerdo la promesa que nos hicimos…, no hay día que no la tenga en mente…, es más, estoy convencida de que, aunque estemos casadas, algún día se harán realidad nuestros sueños… (pausó) y… ¡claro que te quiero, hermana!..., ¿cómo no te voy a querer?..., eres junto a Emmanuel la persona que más quiero en este mundo…
Isa: ¿me comparas con él? (dijo enojada)
Anabel: no te comparo con nadie…, son cariños y amores diferentes…, él es mi marido…, el amor de mi vida…, y tú eres mi queridísima hermana, mi mejor amiga, mi confidente,… ¡por la que haría cualquier cosa!
Isa: ¡y yo por ti! (se abrazaron con fuerza)
Anabel: (separándose un poco): ahora ves a retocarte el maquillaje…, te está esperando Alejandro frente al altar…, no le hagas esperar más tiempo…, ni a papá tampoco que estaba ya desesperado…
Sonrieron las dos…
Anabel: y no olvides que, aunque estemos casadas, puedes contar conmigo siempre que lo desees…, además de que nos veremos seguro cuando nuestros suegros hagan eventos familiares…, recuerda que nuestros maridos son hermanos…
Isa: sí…, eso sí… (pausó) ¿me ayudas con el maquillaje?
Anabel: claro…, vamos…
Anabel echó una mano a Isa…, de ese modo la futura contrayente estuvo lista en cuestión de pocos minutos…; después se reunieron con su padre y los tres pusieron rumbo a la iglesia con el carruaje empujado por seis caballos blancos…
Pronto llegaron al lugar indicado…, Anabel fue la primera en descender para ayudar a su hermana…, cuando Isa pisó el suelo y tenía el traje de novia en orden, Anabel entró a la iglesia para reunirse con su marido…
Emmanuel: ¿todo bien, mi amor? (con preocupación)
Anabel: (sonriendo): sí…, todo está a punto… (sonrió)
Emmanuel: (poco convencido): ¿segura?
Anabel: ¡sí! (dijo con decisión)
Emmanuel: ¿te he dicho que te amo?
Anabel: ¡y yo a ti! (se besaron)
El estado anímico de Alejandro era tenso, por ver a su futura mujer, pero al mismo tiempo cabizbajo porque estaba a punto de perder para siempre la posibilidad de poder estar con la chica del manantial…; entretanto Isa, bien agarrada del bracillo de su padre, se adentraba a la iglesia mientras saludaba a los invitados y les daba las gracias por asistir…, cuando dejó de saludar, miró al frente y un escalofrío recorrió su cuerpo…
CONTINUARÁ…
Suscribirse a:
Enviar comentarios (Atom)
No hay comentarios:
Publicar un comentario