Alejandro pronto llegó a la altura del manantial pero, cuál fue su sorpresa que, la muchacha no se hallaba bañándose como cada noche desde hacía un mes hasta esta parte y que la descubrió por simple casualidad una noche que iba con su caballo Romeo y que, desde aquel instante, iba a verla.
Sólo contemplándola le hacía mucho bien…, su corazón palpitaba con fuerza…, algo dentro de él se revolucionaba…, nunca le había pasado eso con una mujer…, es por eso que consideraba a aquella muchacha alguien sumamente importante y especial…, alguien que si tuviera ocasión, no le importaría conocerla más a fondo y, por qué no, poder unirse en matrimonio y formar una familia y hogar…, pero luego le venía a la mente su futuro enlace con Isa, la hija de los Duques de Sevilla, y eso realmente le atormentaba…, pues le venían muchas preguntas a la cabeza: “¿hacía lo correcto casándose con Isa?”, “¿cuajaría su amor?”, “¿sería un error casarse con una persona que apenas conocía y que ni siquiera había visto nunca?”, “¿y si después de casarse con Isa se daba cuenta de que no podía olvidar a la chica del manantial y eso sólo ocasionaría problemas en su matrimonio?”,… esas y más preguntas revoloteaban en su cabeza cuando recordaba su futuro compromiso…
En estos momentos no quiso pensar en Isa…, ya tendría tiempo de ello al regresar en casa…, ahora sólo le importaba ver a la muchacha del manantial…, intentar acercarse a ella y mantener una conversación amena y distendida con ésta…, pero… ¿dónde estaría?..., le parecía tan extraña su ausencia…, por una vez que se había armado de valor de intentar conversar con ella y no se estaba allí…, miró al cielo y exclamó:
Alejandro: Diosss, ¿por qué?..., (suspiró) ¿por qué me haces esto?..., sabes que necesito verla…, mejor dicho, bien conoces que me urge verla… (pausó) sí…, ya sé que no está bien porque voy a casarme con Isa de Sevilla…, pero si me dieras alguna señal de que esta chica no me conviene, te prometo que me dedicaría de pleno a mi matrimonio con Isa y me olvidaría de esta muchacha…, mándame una señal y me casaré…, si no me avisas, lo tomaré como que puedo tener una esperanza con la chica del manantial y renunciaré a mi matrimonio con Isa, aunque eso acarree un buen enfado de mis padres y quién sabe qué más…, pero… ¿acaso no piensas que sería mejor que me casara con una persona que conociera en vez de con otra que no sé nada de ella y no la he visto nunca?...
Bajó del caballo y se escondió por los matorrales con la esperanza de que la muchacha fuera tarde o temprano…, total, él no tenía prisa de regresar a casa…, además sus padres aún tardarían en volver…, la cena de la pedida prometía ser larga…
Una hora después…
Mientras tanto, en la cena de los Duques de Sevilla…, todos ya habían terminado de cenar…, ahora se encontraban en el salón hablando…, de pronto, los futuros suegros de Isa, intervinieron…
Duques de Guardilla: ¿qué les parece si intercambiamos ya los regalos de pedida?
Duques de Sevilla: por nosotros, perfecto…
Margarita: Rosario… (avisó a la sirvienta) ¿puede traernos el regalo del Marqués Alejandro de Villafranqueza que se encuentra en la cómoda de nuestra habitación?
Rosario: sí señora…, enseguida se lo traigo…
Tras unos segundos…
Rosario: con permiso…
Todos: sí…, adelante…
Rosario: aquí tiene el regalo, señora…
Margarita: gracias…, puede retirarse…
Rosario: (haciendo una reverencia y ausentándose del lugar): …
Duques de Guardilla: si no les importa, seremos nosotros los primeros en hacer entrega del regalo…
Duques de Sevilla: adelante…
Duques de Guardilla: aquí tienes Isa, nuestro regalo…
Isa se puso nerviosa en ese momento…, a pesar de que seguía pensando que era una locura casarse con Alejandro, tras mirar a su hermana Anabel –quien le asintió con la cabeza- decidió guardar silencio y aceptar el regalo que sus padres le ofrecían…, tras tenerlo entre sus manos, tomó de nuevo asiento al lado de su hermana gemela y comenzó a abrirlo notando cómo le faltaba el aire y un nudo se le adueñaba de la garganta…
Una vez abierto el regalo, lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos sin cesar…, todos –excepto su hermana Anabel que la conocía muy bien y con la que había hablado hacía unas horas- se quedaron extrañados ante la reacción de la joven…
Duques de Sevilla: ¿todo bien, tesoro?
Duques de Guardilla: ¿es que no te gusta?
CONTINUARÁ…
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