domingo, 9 de agosto de 2009

Capítulo 10

Alejandro, al ver que la joven no le impedía nada, lo tomó como un sí y se acercó a sus labios poco a poco con la intención de besarla…, cuando estuvo a escasos milímetros, tomó su rostro con las dos manos e hizo que la distancia entre ambos fuese cero…, unieron sus labios y comenzaron a besarse. El beso empezó lento…, tranquilo..., sin pausas…, y muy muy apasionado; tras unos segundos así, a Isa le vino a la mente la conversación que mantuvo con su gemela…

Isa: pues… ¡no me parece justo!..., ¿por qué he de casarme con alguien que no he visto en mi vida y al que ni siquiera amo?..., ¿por qué tengo que obrar de la misma manera que todos vosotros?
Anabel: porque nuestro destino está forjado…, no podemos cambiarlo…

Tal vez su hermana tenía razón…, al día siguiente era su boda con Alejandro y ella se estaba besuqueando con un desconocido…, no podía seguir adelante con ese beso…, por eso, se separó de aquel joven, quien al notar la distancia, pronunció…

Alejandro: ¿qué ocurre?..., ¿estás bien?
Isa: tengo que irme…
Alejandro: aguarda un segundo…

Pero ella no le obedeció…, se limitó a montar en su yegua y marcharse de aquel lugar…, nunca más volvería allí…, nunca más. Alejandro, antes de que ella no pudiera escucharle, dijo en voz alta…

Alejandro: dime aunque sea tu nombre…

Isa oyó perfectamente esas últimas cinco palabras…, pero no se volteó en ningún momento..., siguió el camino que le llevaba hacia casa de sus padres…; Alejandro, por su parte, una vez ella ya se hallaba muy lejos, mordió sus labios y colocándose la mano derecha en el pecho, notó que el corazón le palpitaba con fuerza…, jamás había sentido algo parecido con una mujer…, después miró al cielo y preguntó a Dios:

Alejandro: ¿qué quieres decirme ahora con esto?..., ¿es amor lo que acabo de sentir con ese beso?..., ¿es esa muchacha la mujer de mi vida?

Tras esto, llegó hasta su caballo Romeo, subió en éste y puso rumbo al hogar de sus progenitores…, debía descansar…, el día siguiente iba a ser el más importante de su vida…, se casaba con una desconocida…, aunque estaba seguro que le costaría conciliar el sueño…, más que nada porque ese beso le hizo sentir cosas que jamás le había ocurrido con nadie…, sólo esperaba que, con el amor de su futura esposa y el tiempo, lograra olvidar lo que le hacía sentir la muchacha del manantial…

POR FIN LLEGÓ EL GRAN EVENTO… ERA EL DÍA EN QUE ISABEL DE SEVILLA Y ALEJANDRO DE VILLAFRANQUEZA SE CASABAN…, ERA SÁBADO…, EL RELOJ MARCABA LAS 11:30 DE LA MAÑANA Y, DENTRO DE MEDIA HORA, DABA COMIENZO LA CEREMONIA…
En la iglesia… Desde la entrada de ésta estaba decorada con un pasillo lleno de pétalos de rosas rojas y blancas que conducían hasta el altar… En cada asiento había un lazo de color azul cielo y en el nudo de cada lazo tenía una rosa roja y otra blanca… Alejandro estaba en pie, frente al altar, con la mirada puesta en una imagen de Cristo…, le pedía que le ayudase a superar lo que había sentido por la muchacha del manantial y pudiera dedicarse de pleno a su futura esposa…, debía poner de su parte para que su matrimonio funcionase y hacerla feliz…, pues Isa no tenía ninguna culpa de lo que pasó la noche anterior ni su amor secreto por la joven del manantial… De cuando en cuando, echaba la vista hacia atrás y veía a todos los invitados…, también a su hermano mayor, Emmanuel, que le susurraba: “todo irá bien”…, esa afirmación de su hermano, deseaba que se cumpliese…

Mientras tanto, en casa de los Duques de Sevilla…, sólo se encontraban en el lugar indicado Isa, su hermana Anabel y su padre…, su madre se fue a la iglesia en compañía de sus hijas mayores y los maridos de éstas…, Anabel y Domingo acompañarían a Isa a la iglesia…, al igual que Isa hizo cuando su hermana Anabel se casó con Emmanuel…

En la habitación de la protagonista…, ésta ya estaba vestida y le habían realizado el recogido…, su padre miraba el reloj impaciente…, no era normal que tardase tanto…, fue en busca de Anabel, quien bebía un poco de agua…

Domingo: Anabel, hija…
Anabel: dime papá…
Domingo: ¿no te parece que tu hermana tarda demasiado?..., queda media hora para la ceremonia e Isa no baja de su habitación…
Anabel: bueno…, es normal…, las novias nos hacemos esperar…
Domingo: si eso lo sé, pero… ¿tanto?
Anabel: no te preocupes, subiré a verla…
Domingo: ¡gracias hija! (la besó en la frente)
Anabel: de nada, papi…

Y así fue como Anabel se dirigió al lugar indicado…, cuando estuvo ante la puerta, dio dos golpes secos y preguntó…

Anabel: Isa…, soy Anabel…, ¿puedo pasar?

CONTINUARÁ…

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