domingo, 9 de agosto de 2009

Capítulo 13

Cura: no se preocupe…, le haré otra vez la pregunta…, Isabel, ¿aceptas a Alejandro de Villafranqueza como legítimo esposo en la salud y en la enfermedad, en la riqueza y en la pobreza, en la prosperidad y en la adversidad, hasta que la muerte os separe?
Isa: sí…, acepto… (pronunció la joven no demasiado alto…)

Alejandro se dio cuenta la manera con que ésta se manifestó…, notó que algo le pasaba, pues la muchacha no replicó con el mismo entusiasmo que él…, ¿por qué?..., ¿por qué si la noche anterior percibió que respondió al beso que le dio?

Tras la respuesta de Isa, todos respiraron tranquilos…, el sacerdote prosiguió…

Cura: siendo así, por el poder que me concede la iglesia, yo os declaro marido y mujer…, puede besar a su esposa…

Alejandro se giró para ponerse frente a Isa…, ella le miraba temblorosa, pero no se había puesto en la posición de él…, el joven vio que todo el mundo estaba pendiente del beso, así que muy suavemente posó sus manos sobre sus hombros y la fue volteando hacia él con mucha delicadeza.

Ya una vez los dos de frente, mirándose, Isa suspiró un poco y miró hacia abajo…, él volvió a ver que estaba rara, pero aún así puso su mano debajo de la cara de ésta y la alzó con cuidado…, le dirigió una mirada llena de amor, se acercó lentamente y la besó. El beso fue lento…, suave…, en el que Alejandro se entregó al máximo…, poniendo su corazón y su alma en él…, Isa pudo percatarse y eso la asustó más, porque le hizo sentir a ella también algo muy fuerte…, poco a poco, Isa se apartó disimuladamente…, Alejandro apreció ese gesto pero no anunció nada…, sólo limitó a ofrecerle su bracillo a su esposa, para que ésta se agarrara y, de ese modo, comenzaron a avanzar hacia el exterior de la iglesia…, sus familiares les esperaban para felicitarles…

Una vez salieron, sus familiares, amistades e invitados les arrojaron pétalos de rosas rojas…, después, se acercaron a los contrayentes para darles la enhorabuena: primero, sus familiares; después, los demás invitados.

Unos minutos después…

Sofía: (a su hijo): Alejandro, tesoro…
Alejandro: dime mamá…
Sofía: nos vamos todos para nuestro castillo…, ¡nos vemos allí!
Alejandro: ¡de acuerdo!

Todo el mundo partió hacia el castillo de los Duques de Guardilla…, allí sería la comida de celebración…, también Alejandro e Isa, tras subir a su carruaje empujado por seis caballos blancos, pusieron rumbo al lugar indicado…

De camino al banquete, Alejandro notaba nerviosa a su esposa…, desde que ella respondió al párroco que “sí” aceptaba casarse con él, no la había escuchado…, tan sólo para agradecer las felicitaciones de los invitados…, el silencio seguía prolongándose en el que Alejandro no dejaba de observarla…, en el que su corazón se agitaba sólo por el simple hecho de ver cómo pestañeaba…, la chica del manantial era Isa, su esposa…, no podía ser más feliz…, además de que estaba profundamente enamorado…, finalmente se animó a romper el silencio que había entre ellos…, cogió su mano con la suya…, la acarició un poco y exclamó…

Alejandro: eres tú…

Isa, al oírle decir eso, le apartó la mano y suspiró, pero sin contestarle nada…, a él le preocupó ese rechazo de su parte, ya que había ido captando todo el rato que algo le ocurría…, después expresó:

Alejandro: anoche no habría imaginado que eras tú la mujer a la que hoy tenía que unir mi vida para siempre pero, al verte, Isa te juro que te haré la mujer más feliz del mundo…
Isa: (mirándole): siento no poder decir lo mismo, no sé si seré capaz de hacerte feliz…
Alejandro: ¡yo te ayudaré para que nuestro matrimonio esté lleno de dicha y alegría! (sonrió enamorado)
Isa: ¡no…, no necesito tu ayuda! (dijo)
Alejandro: (frunció el ceño): ¿por qué?
Isa: ¡porque este matrimonio nunca funcionará!
Alejandro: si ponemos de nuestra parte……
Isa: (interrumpiéndole): ¡YO NUNCA HARÉ NADA PORQUE FUNCIONE! (alzó la voz)
Alejandro se quedó sin palabras…, no se esperaba la reacción de su esposa…, decidió guardar silencio y no discutir…, ya se encargaría de hacerla cambiar de opinión…; Isa, por su parte, se limitó a contemplar a su marido…, no quería haberle respondido de esa forma, porque Alejandro parecía un hombre atento, amable, cariñoso,… con ella, al igual que fue la noche anterior cuando la besó…, pero es que la pérdida de su libertad con su matrimonio repentino, le hacía mostrarse de esa forma tan arisca y a la defensiva.

Un rato más tarde…

Isa y Alejandro hacían entrada en el castillo…, todos los invitados fueron a recibirlos…, los primeros sus progenitores…, después sus hermanos…
Anabel: ¡holaaaa hermanita! (sonrió)
Isa: ¡hola! (respondió seria)
Emmanuel: ¡hermanooooooo! (sonriendo)
Alejandro: ¿qué tal? (sonrió también)

Ambos hermanos se habían unido en un caluroso abrazo…

Anabel: ¿todo bien, Isa? (con preocupación)
Alejandro y Emmanuel se voltearon al escuchar a la esposa del segundo…
Emmanuel: ven conmigo Alejandro…, tienes que ver a la abuela…, se ha puesto guapísima para tu boda…, ¿me acompañas? (pasó su mano por el hombro a su hermano, intentando disimular, para así dejar a las dos jóvenes a solas)
Alejandro: ¡claro que te acompaño, vamos!

CONTINUARÁ…

No hay comentarios:

Publicar un comentario