domingo, 9 de agosto de 2009

Capítulo 8

En el castillo de Emmanuel y Anabel…, Alejandro no contestaba…

Emmanuel: Alejandro… (intentó que su hermano se anunciase ante su petición…)
Alejandro: (seguía sin articular palabra): ……
Emmanuel: no te quedes callado y respóndeme, por favor… (rogó)
Alejandro: (finalmente replicó): no puedo prometerte eso…
Emmanuel: (frunció el ceño): ¿por qué no?..., ¡te debes a tu futur…!
Alejandro: (interrumpiéndole): …si la conocieras, sabrías porqué se me está haciendo muy cuesta arriba esta boda…
Emmanuel: mira hermano, sé que esa chica te gusta y, por lo que manifiestas, mucho…, pero no puedes romper tu compromiso con Isa por una simple desconocida…
Alejandro: ¡Isa también lo es!
Emmanuel: pero no tanto como la muchacha del manantial…
Alejandro: (cruzándose de brazos): ¿ah no?..., y… ¿se puede saber por qué no?
Emmanuel: porque a Isa la conocemos todos: papá, mamá y yo…, además de que su hermana Anabel es mi esposa…, también sabemos de qué familia proviene y quienes son sus padres…, en cambio de la joven del manantial no conocemos nada…, y… ¿si tras conocerla te das cuenta que no es lo que esperabas y lamentas tu no boda con Isa?..., seguro que no habrá ocasión de enmendar el error, pues ni ella ni los Duques de Sevilla querrán saber nada de ti…, incluso puede perjudicar y poner en peligro mi matrimonio con Anabel…
Alejandro: eres un egoísta…
Emmanuel: ah, ahora resulta que soy un egoísta…, ¡y tú eres un insensato! (dijo molesto)
Alejandro: sí, lo eres…, ¿es que acaso no quieres que sea feliz en mi vida?
Emmanuel: ¡claro que quiero!
Alejandro: pues entonces deberías dejarme elegir y no obligarme a casarme con Isa…
Emmanuel: nadie te está obligando…, sólo te estoy diciendo las cosas cómo son…, no puedes hacer lo que te venga en gana por una obsesión…
Alejandro: ¡no es una obsesión, quiero a esa mujer!
Emmanuel: ¿la quieres? (dijo sarcásticamente) ¿qué vas a saber tú lo que es querer si sólo la has visto bañándose y sin ni siquiera saber nada de ella?..., lo que yo pienso, es una obsesión…
Alejandro: (cabreado): ¡que te he comunicado que no es ninguna obsesión!
Emmanuel: entonces, una locura…
Alejandro: contigo no se puede hablar en serio…
Emmanuel: ¿y contigo se puede?..., ¡tampoco!..., sólo estás ofuscado con esa mujer y no ves más allá… (pausó) pero si es lo que quieres, tú mismo…, haz lo que te dé la gana…, luego si estás arrepentido por tu decisión, no vengas a llorarme…
Alejandro: ¡por supuesto que no lo haré! (se levantó del sillón y se marchó sin despedirse de su hermano)

Emmanuel se quedó pensativo…

Emmanuel: puedes expresar lo que te dé la gana, pero estoy seguro que esa obsesión, locura, manía con esa muchacha, no te va a traer nada bueno…, pero que nada bueno…

Los días pasaron rápidamente…, ya era viernes…, el día antes de la boda entre Alejandro e Isa…, ¿se celebrará finalmente el enlace entre ambos ó será todo un fracaso?

Días antes, Emmanuel estuvo preocupado por la discusión con su hermano…, incluso se sentía triste…, nunca habían peleado tan duramente los dos hermanos…, sólo cuando eran pequeños tenían las riñas típicas de hermanos pero que se pasaba enseguida…, pero esta gresca estaba llegando demasiado lejos…, Anabel intentaba alentar a su marido…, quien le agradecía eternamente su apoyo incondicional y su amor…, pero no le explicó en qué consistió el cabreo con su hermano…, más que nada porque no quería preocuparla…, podría afectar a su embarazo y no se perdonaría a sí mismo si algo le podía ocurrir tanto a ella como a las dos nuevas criaturas que nacerían en unos meses…

Tiempo presente…, era viernes por la noche…, el reloj marcaba las 21:00 horas de la noche…

En la casa de los Duques de Sevilla…, Domingo y Margarita cenaban…, el matrimonio hizo sonar la campanilla llamando a Rosario, la sirvienta…

Rosario: ¿desean algo los señores?
Margarita: Rosario…, ¿ha visto a Isa?
Rosario: sí…
Domingo: y… ¿sabe dónde ha ido?
Rosario: se fue con su yegua…, me comentó que iba a visitar a su hermana Anabel…, que le urgía hablar con ella…, y que llegaría a medianoche…
Domingo y Margarita: gracias…, puede retirarse…
Rosario: si desean algo más, no tienen más que avisarme…, con permiso… (se retiró)
Domingo: (dirigiéndose a su mujer): ¿a medianoche?..., pero si se casa mañana a mediodía… (negaba con la cabeza incrédulo) esta hija nuestra, siempre a la suya…, a ver si le sucede lo mismo que a Anabel y sienta la cabeza a partir de mañana que estará unida en matrimonio a Alejandro y para siempre…
Margarita: su matrimonio la hará madurar…, ya lo verás…, démosle un voto de confianza…
Domingo: eso espero porque como mañana responda un “NO” cuando el sacerdote le pregunte…
Margarita: (interrumpiéndole): …mi amor…
Domingo: está bien…

Mientras tanto, Isa iba dando un paseo con su yegua blanca Luna…, mintió a la sirvienta porque sabía que ésta informaría a sus padres de su ausencia…, no visitó a su hermana, sino que se fue con su querido animal porque necesitaba estar sola…, pensar en su matrimonio del día siguiente…, encontrarse consigo misma. Tras cabalgar largo rato, llegó a la altura de un hermoso manantial y decidió realizar la misma acción que efectuaba desde hacía un mes cada noche…, excepto la noche de su pedida de mano…, bañarse bajo la luz de la luna en aquel lugar…

Se desprendió de su ropa y se metió en el agua…, aquel lugar siempre la relajaba…, la hacía sentirse bien consigo misma e incluso conseguía olvidarse, por unos instantes, de su futuro enlace con el Marqués Alejandro de Villafranqueza…

CONTINUARÁ…

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