Duques de Sevilla: ¿todo bien, tesoro?
Duques de Guardilla: ¿es que no te gusta?
Isa, ante tales preguntas, se puso peor todavía…, sin dar ninguna respuesta ni explicación, se levantó y se ausentó del lugar con el presente recibido entre sus manos…
Duques de Guardilla: ¿hemos dicho alguna cosa que le haya podido molestar?
Duques de Sevilla: no…, no lo creemos…
Anabel: no se preocupen…, voy a hablar con ella… con permiso… (se retiró)
Anabel subió las escaleras dirigiéndose al dormitorio de su hermana…, sabía que la encontraría allí. Una vez estuvo frente a la puerta, dio dos golpes secos y pronunció:
Anabel: Isa…, soy Anabel…, ¿puedo pasar?
Pero la joven no obtuvo respuesta…, esperó unos segundos antes de volver a repetir la misma acción…, al ver –en su segundo intento- que obtuvo la misma reacción de su hermana, es decir, ninguna réplica, apoyó su oreja en la puerta pues le pareció escuchar algo al otro lado de ésta…, unos suspiros provenían de la habitación. Con sumo cuidado, giró el pomo, abrió y contempló la escena del interior…
Mientras tanto, en el manantial…, Alejandro estaba desesperado…, la chica que llevaba observando cada noche desde hacía un mes no aparecía por ningún lado…, “¿dónde se habrá metido?”, se preguntó para sí mismo…
Alejandro: (mirando al cielo): Dios, veo que quieres que me case con Isa, ¿verdad?..., porque la persona que deseo ver no ha aparecido…, ¿por qué?..., ¿por qué me castigas de este modo?..., ¿es que no te das cuenta de que es una locura casarme con una desconocida?..., ¿no sería mejor si…? (pausó) vale…, está bien…, aceptaré tu decisión…, si piensas que es mejor contraer matrimonio con Isa, lo haré…
Y, dicho esto, subió al lomo de su caballo Romeo y se encaminó hacia su casa…, nunca más volvería al manantial…, se debía a su futura esposa, Isa…
En casa de los Duques de Sevilla…, en la habitación de Isa…, ella estaba sentada en su lecho…, en su mano derecha sostenía un pañuelo…, en la izquierda el regalo recibido: un collar de perlas blancas…, se hallaba contemplándolo con detenimiento, escapándosele algún que otro suspiro…, ni se inmutó ante la presencia de su gemela…
Anabel: ¿me dejas pasar? (adentrándose)
Isa: (no contestó): ……
Anabel: Isa…, por favor…, dime algo…
Isa: ¡ya estás dentro! (finalmente articuló)
Anabel cerró la puerta y se sentó al lado de su hermana…
Anabel: ¿cómo te encuentras?
Isa: muy mal…, ¿cómo esperas que esté?..., ¿saltando de alegría?
Anabel: Isa…, escúchame un momento…, sé que el regalo de los padres de Alejandro te ha afectado no porque no te haya gustado, pues tú nunca le has dado importancia a las cosas materiales, sino porque con éste has sido consciente del futuro que te espera en dos semanas…, casarte…, perder tu libertad…, tu sueño de escritora…, pero no puedes hacer nada al respecto…, sólo acatar la decisión......
Isa: (interrumpiéndola): …¡es una decisión que han tomado por mí!..., ¡yo no lo he determinado!..., ¡ni siquiera me han preguntado si estaba de acuerdo o no!
Anabel: lo sé…, pero es lo que hice yo…, y nuestras hermanas mayores…, incluso nuestros padres…
Isa: y… ¿por qué lo hayáis hecho todos tengo que hacerlo yo igual?
Anabel: sí…
Isa: pues… ¡no me parece justo!..., ¿por qué he de casarme con alguien que no he visto en mi vida y al que ni siquiera amo?..., ¿por qué tengo que obrar de la misma manera que todos vosotros?
Anabel: porque nuestro destino está forjado…, no podemos cambiarlo…
Isa: ¿es que acaso quieres que sea infeliz toda mi vida? (acusó)
Anabel: no…, no lo deseo…, eres mi hermana, mi confidente, mi mejor amiga,… ¿cómo voy a querer que seas infeliz?..., sólo quiero para ti la mayor felicidad del mundo…, pero debes recordar lo que te expresé hace un rato…, yo pensaba igual que tú antes de casarme con Emmanuel, pero él me demostró lo que equivocada que estaba…
Isa: pero tú has tenido suerte con él…, ¿y si yo no tengo la misma fortuna y al casarme me convierto en la persona más desdichada?
Anabel: no lo creo…
Isa: (frunció el ceño): ¿cómo estás tan segura?
Anabel: porque Emmanuel me ha hablado muchas veces de su hermano Alejandro…, y por todo lo que me ha contado, sé que serás muy dichosa a su lado…, no tengo ninguna duda…, está hecho para ti… (pausó) ahora retócate un poco el maquillaje y bajemos al salón para reunirnos con nuestra familia y la de tu futuro esposo…, ¡estoy ansiosa por saber qué le van a regalar mamá y papá a los padres de Alejandro!..., ¡vamos! (se puso en pie de prisa, tirando de su hermana…, pero un mareo se apoderó de ella…, se puso pálida y no tuvo más remedio que tomar de nuevo asiento en el lecho)
Isa: (preocupándose por ella): ¿Anabel… Anabel qué te ocurre?
CONTINUARÁ…
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