domingo, 9 de agosto de 2009

Capítulo 1

Domingo y Margarita eran dos jóvenes a los que sus familias obligaron a casarse a la edad de 21 años. Ambos nunca se habían visto, sólo el día de su enlace, pero eran las costumbres de su época y las de sus familiares, las cuales no tuvieron más remedio que aceptarlas y aprender a vivir con ello… Al casarse, adquirieron el título nobiliario de Duques de Sevilla, ya que provenían de familias muy bien acomodadas económicamente y es así como comenzaron su vida en común…

Tras el primer año de matrimonio solos, comenzaron a nacer sus hijas…, la primera de ellas la llamaron Carmen, que actualmente tiene casi 30 años…; dos años más tarde concebieron a Rosalía, quien ronda los 28. Los cuatro vivieron felices durante años y, cuando pensaban que siempre serían cuatro componentes en la familia, el Santísimo hizo que Margarita quedara nuevamente embarazada y, tras nueve meses, nacieron dos hijas más…, gemelas…, quienes trajeron una inmensa alegría a los cuatro y a las que llenaron de cuidados, atenciones y mucho amor…, ambas heredaron la belleza física del padre…, pelo castaño claro…, ojos azules…, y muy blanquitas de piel…; las llamaron Isa y Anabel, quienes cuentan ahora con la escasa edad de 22 años.

Ambas, Isa y Anabel, siempre estuvieron muy unidas y pasaban juntas todo el tiempo…, siempre se ayudaban, apoyaban, aconsejaban,… en sus proyectos y en sus sueños, pues sus padres nunca las comprendían…, ellas querían ir a su aire, disfrutar de la vida, luchar por sus ilusiones, sus metas,… sin tener que dar explicaciones a nadie. Lo que ellas no sabían era que sus padres, al igual que a sus dos hermanas mayores, ya tenían organizado su destino…, al igual que habían hecho con ellos, el matrimonio hizo con sus hijas…, y empezaron a unirlas en matrimonio: la primera en casarse fue Carmen, quien se casó a los 24 años con el Marqués de Brozal…; después fue el turno de Rosalía, quien a sus 23 años se casó con el Marqués de Coín…; luego sería el momento de las dos pequeñas…, la primera en contraer matrimonio, fue Anabel, quien desde hacía dos años estaba casada con el Marqués Emmanuel Ganchoa..., y, dentro de dos semanas sería la boda de Isa con el Marqués Alejandro de Villafranqueza.

Los padres de los dos chicos, los Duques de Guardilla, junto con los de ellas, los Duques de Sevilla, se encargaron de ese destino para los cuatro…; los dos varones no objetaron nada, al contrario, pensaban que ya era buen momento para desposarse, siempre habían sido unos hijos ejemplares y no iban a ser menos ahora, en el gran momento de sus vidas, su boda…; las dos muchachas, en cambio, se rebelaron contra –según ellas- la injusticia a la que estaban siendo sometidas…, pero la cabezonería de sus padres pudieron más que la rebeldía de Anabel y ésta no tuvo más remedio que casarse con el Marqués Emmanuel Ganchoa…, Anabel e Isa se encontraban muy tristes…, habían sido separadas de su hermana gemela…, con la que había compartido tanto y juntas iban a realizar todo tipo de proyectos en común…, además de que se habían prometido que siempre estarían juntas…, que nadie las separaría…, que nunca un hombre se interpondría en sus vidas para realizar sus sueños…, pero el matrimonio repentino de Anabel pilló de improviso a las jóvenes…, Isa al principio pensó que Anabel era la que incumplía la palabra, y estuvo enfadada con ella, pero después se dio cuenta de la realidad, que sus padres fueron los que hicieron ese “pacto” entre familias y pidió perdón a su hermana y ambas se reconciliaron.

El matrimonio de Anabel la puso muy triste…, no sólo porque se separó de su hermana Isa, su confidente,… sino también porque siempre había querido ser maestra de párvulos…, trabajar con niños era su sueño…, y al casarse sabía que nunca conseguiría cumplirlo. A este enlace, no pudo asistir Alejandro, porque se encontraba en el extranjero por cuestiones de trabajo que le llevó más de un año fuera de casa, así que Emmanuel tuvo que contraer matrimonio sin la presencia de su hermano. El día del enlace, Emmanuel –que nada más ver a su futura esposa frente al altar- quedó prendado de ella, no sabía qué hacer para alentarla…, no había día –sobre todo durante el primer año de matrimonio- que no la encontrara llorando por algún rincón de la casa…, pero –poco a poco- con sus mimos, palabras, ánimos, consejos,… hicieron mella en la joven hasta tal punto que el hombre consiguió que su esposa confiara en él y ésta se enamorara de él por ser tan bueno con ella…, también respondió como mujer y, desde hacía unos días, que la joven tenía falta de regla… ¿embarazada?

CONTINUARÁ…

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