domingo, 9 de agosto de 2009

Capítulo 4

En el dormitorio de Isa…, ésta contestaba a la pregunta de su hermana…

Isa: ¿te acuerdas de cuando éramos pequeñas cada una prometimos que íbamos a cumplir nuestros sueños, tú ser maestra de párvulos y yo escritora?
Anabel: sí, lo recuerdo…
Isa: pues ese es el motivo, por el que sé que, si me caso, no podré ser escritora…
Anabel: entiendo…
Isa: yo no quiero ser la Duquesa de Villafranqueza, quiero ser Isa de Sevilla…, no quiero ser la esposa de nadie…, además que un hombre sólo da problemas…, no trae nada bueno……
Anabel: (interrumpiéndola): escúchame un momento, hermanita…
Isa: (frunció el ceño): ¿qué ocurre?
Anabel: yo era la primera, cuando me casé con Emmanuel, que pensaba eso…, pues me acordaba de todo lo que decíamos de pequeñas…, pero te puedo asegurar, que él me ha demostrado que estaba equivocada…, Emmanuel me quiere mucho y ha tenido mucha paciencia conmigo…, tras un año de lágrimas a todas horas del día, supo ayudarme, apoyarme, aconsejarme, escucharme,… he tenido mucha suerte con él…, incluso me ha dicho que, en un futuro, me ayudará a cumplir mi sueño…, que le da igual si sus padres no están de acuerdo con ello, pero que yo seré tarde o temprano maestra de párvulos… (dijo emocionada a la vez que enamorada de su marido)
Isa: vaya… (afirmó con sorpresa) me alegro que hayas sido tan suertuda con Emmanuel…, ojalá sea cierto y no te engañe…
Anabel: no lo creo…, es tan bueno y sincero…
Isa: (dándole un suave codazo, mientras sonreía): ayss, qué enamorada que estás, hermanita…
Anabel: mucho… (sonrojándose) bueno… (cambió de tema) entonces… ¿bajarás a la cena de tu pedida? (quiso saber)
Isa: sí…, bajaré…
Anabel: sabia decisión…
Isa: bueno, en realidad lo hago porque me ha convencido mi querida hermana…, mi confidente…, ¡cómo te quiero, Anabel!
Anabel: ¡y yo a ti Isa! (se abrazaron cariñosamente)

Pronto llegaron las 21 horas de la noche…, al mismo tiempo que Isa y Anabel bajaban al salón, el timbre sonó…, la sirvienta de la casa dio paso a los invitados: los Duques de Guardilla…

Mientras tanto, el Marqués Alejandro de Villafranqueza, se puso unos pantalones, con el bañador debajo, y una camiseta de sport de manga corta…, anunció a la sirvienta que se ausentaría un rato y que volvería en una hora…

Se dirigió a la cuadra, cogió su caballo Romeo y se fue hacia el manantial…, cuando iba a mitad de recorrido, dio con la fusta al animal para que acelerase el paso…, deseaba ver a aquella chica con todas sus fuerzas…, además de que estaba convencido que ésta ya estaría allí…, bañándose…, como cada noche...; mientras iba hacia el lugar indicado, se decía a sí mismo que tenía que intentar hablar con ella…, conocer un poco de su vida…, pero que él no le diría nada cierto sobre su vida, más que nada por si llegaba a oídos de los padres de su futura esposa y de los suyos propios que coqueteaba con otra a puertas de su enlace matrimonial en dos semanas…

Pronto llegó a la altura del manantial pero, cuál fue su sorpresa que……

CONTINUARÁ…

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