domingo, 9 de agosto de 2009

Capitulo 7

En la casa de los Duques de Sevilla…, en la habitación de Isa…

Isa: (preocupándose por ella): ¿Anabel… Anabel qué te ocurre?
Anabel: (respirando): tranquila…, sólo ha sido un mareo…
Isa: y… ¿te parece poco?..., ¡te has puesto pálida y todo!..., ¡vayamos a un médico!
Anabel: no… (negó con la cabeza) no voy a ir a ningún médico… (comenzó a recuperar el color de cara) ya me encuentro mejor…
Isa: ¡no seas cabezota!..., ¡voy a llamar a mamá y papá! (acercándose a la puerta, con la intención de ir en busca de sus progenitores y el marido de su gemela)
Anabel: Isa…, por favor…, no llames a nadie…
Isa: pero es que ese mareo… ¡no es normal!
Anabel: tengo pensado ir al médico en unos días, pues Emmanuel cogió cita…
Isa: (asustada): pero… ¿te pasa algo?
Anabel: aún no lo sé…, pero no lo creo…
Isa: ay Anabel, en cuanto el doctor te eche un vistazo, me tienes informada, ¿de acuerdo?
Anabel: (asintió): sí…, lo haré…, ahora vayamos al salón a reunirnos con los demás…
Isa: lo siento, pero no voy a bajar…, diles que me encuentro indispuesta…, que agradezco el regalo y, si organizan una próxima cena, asistiré…
Anabel: ¡vale!..., bueno pues en ese caso, me voy…
Isa: pero… ¿quieres que te acompañe?
Anabel: no…, no es necesario…, ya se me ha pasado el mareo…
Isa: (poco convencida): ¿segura?
Anabel: sí…, sí…
Isa: de acuerdo…
Anabel: bueno hermanita, ¡nos vemos!..., ¡cuídate!
Isa: ¡y tú también! (se abrazaron las dos hermanas)

Poco después Anabel se hallaba con los demás e informó a los Duques de Guardilla lo que su hermana le pidió…, éstos se tranquilizaron, al igual que los padres de ambas, y decidieron seguir adelante con la pedida…, los Duques de Sevilla entregaron su regalo…, herencia de Domingo, provinente de su abuelo paterno. Tras la repartición de regalos y conversar durante un rato largo más, los Duques de Guardilla (Sofía y Felipe) se despidieron hasta el día del enlace…, cada cual por su lado (los Duques de Sevilla y los de Guardilla) ultimarían los preparativos para su hija y vástago respectivamente, pues durante la cena de la pedida se pusieron de acuerdo en cómo lo organizarían y sería todo…

Días más tarde, Anabel en compañía de su marido Emmanuel fue al doctor y, tras examinarla con detenimiento y obtener los resultados 72 horas después, les anunció algo inesperado…, algo que ninguno de los dos esperaba que fuese tan pronto pues -a pesar de que llevaban dos años de casados- sólo hacía uno que habían mantenido relaciones íntimas, pero que aún así recibieron con inmensa alegría…, el motivo del mareo de Anabel no fue otro que su próxima maternidad…, estaba embarazada de 2 semanas y en poco más de 8 meses tendría a su retoño entre sus brazos…, pero la dicha fue mayor tras enterarse de que esperaba gemelos. Su marido Emmanuel estaba más contento si cabía, pues tener dos hijos con la mujer de su vida, era algo que le llenó totalmente de felicidad…; tanto él como su mujer, decidieron guardar secreto y anunciarlo el mismo día del enlace de sus hermanos…

Unos días después de saber la noticia, Anabel y Emmanuel se encontraban en su castillo…, ya habían comido hacía un rato…, ahora ella descansaba, pues el doctor le sugirió que descansara y no hiciese esfuerzos. En ese momento, recibían una visita…

Criada: señor…
Emmanuel: dígame Silvana…
Criada: acaba de llegar su hermano Alejandro…
Emmanuel: hágale pasar…

Tras unos segundos…

Alejandro: (asomando la cabeza): ¿se puede?
Emmanuel: hermanoooo…, claro que sí…, anda pasa…, no te quedes ahí…

Alejandro llegó a la altura de su hermano y se fundieron en un caluroso abrazo…

Emmanuel: tomemos asiento y me dices el motivo de tu visita…

Ambos se sentaron…

Emmanuel: bueno, pues, tú dirás…
Alejandro: es que desde el día de la cena de la pedida en casa de los Duques de Sevilla, mis futuros suegros, no nos hemos visto ni hablado…, yo estoy muy ocupado con mis preparativos de boda con mamá y papá…, así que hoy que me he dicho, voy a hablar con mi querido hermano, pues no me describió a mi mujer…, y quedamos en eso…
Emmanuel: ahhh… (sonrió) ¡es verdad!
Alejandro: y bien… ¿a qué estás esperando?
Emmanuel: pues sintiéndolo mucho, pero no te voy a decir nada…
Alejandro: pero……
Emmanuel: (interrumpiéndole): prefiero que sea una sorpresa…, ya la verás en el altar…, sólo te diré que te gustará…
Alejandro: ¿cómo estás tan seguro de ello?
Emmanuel: porque te conozco como eres y por lo que hemos hablado Anabel y yo de vosotros…, los dos pensamos lo mismo…, ¡estáis hechos el uno para el otro!
Alejandro: eso espero…
Emmanuel: seguro… (pausó) por cierto, ¿qué tal con la muchacha del manantial?
Alejandro: ¡no me hables de ella! (dijo con resignación)
Emmanuel: ¿qué ocurre?..., ¿pasó de ti?
Alejandro: no…
Emmanuel: (sin comprender nada): ¿entonces…?
Alejandro: ese día no fue…
Emmanuel: pues… ¿sabes qué te digo?, que mejor así…, debes centrarte en Isa, que será este próximo sábado tu futura mujer…
Alejandro: supongo que sí…
Emmanuel: no te veo muy convencido…
Alejandro: es que a ver, ¿no piensas que sería mejor que no me casara con Isa e intentar conocer a la chica del manantial?..., a Isa no la conozco…
Emmanuel: a la joven del manantial tampoco…
Alejandro: pero si no me casara con Isa, podría tener ocasión de que fuese así…, y… ¿quién me dice que no es ella la mujer de mi vida en vez de Isa?
Emmanuel: escucha hermano…, no pienses eso…, mira, Anabel pensaba lo mismo que tú antes de conocerme…, incluso yo mismo tenía un poco de miedo porque no sabía que nos esperaba…, y míranos, llevamos dos años de casados y somos muy felices juntos…, ¿quién no dice que tú correrás la misma suerte que yo?
Alejandro: (poco convencido): ¿tú crees?
Emmanuel: completamente…, y no te digo más porque es una sorpresa…
Alejandro: (frunció el ceño): ¿me estás ocultando algo?
Emmanuel: sí… (sonrió) pero ya lo sabrás el sábado…
Alejandro: dime aunque sea un adelanto…
Emmanuel: (negaba con la cabeza mientras sonreía): no seas impaciente…, ya lo sabrás el sábado…
Alejandro: bueno…, vale… (resignado)
Emmanuel: cambiando de tema…
Alejandro: dime…
Emmanuel: prométeme que no irás al manantial nunca más…
Alejandro: (tragó saliva con dificultad): …

CONTINUARÁ…

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